23 febrero 2010

El circo de la mariposa




¿Vas a terminar siendo fuerte?

Todo es posible con entrenamiento

Aptitudes e inteligencias múltiples

Cuando se dice de alguien que es inteligente, se olvida indicar a menudo, cual es el rasgo dominante de su inteligencia, es decir, en qué es inteligente. La inteligencia no es un todo compacto y uniforme. Las facultades de la inteligencia admiten definiciones distintas, y cada persona tiene niveles de desarrollo diferentes en cada una.

Inteligencia lingüística: capacidad para procesar con rapidez mensajes lingüísticos, ordenar palabras, dar sentido a los mensajes y expresar opiniones de forma ordenada y coherente.

Inteligencia lógico-matemática: facilidad para el cálculo, la geometría o la lógica.

Inteligencia espacial: capacidad para distinguir las formas y los objetos, llevar a cabo transformaciones sobre algo que se está percibiendo, imaginar movimientos o desplazamientos internos entre las partes, recrear aspectos de la experiencia visual y comparar, observar, combinar y transformar lo que rodea a la persona.

Inteligencia interpersonal: habilidad para percibir y comprender a los demás y relacionarse con ellos. Es propia de personas que desarrollan empatía y la ética, y que no tienen grandes dificultades para interactuar con la gente y ayudar, incluso, a resolver sus problemas.

Inteligencia intrapersonal: capacidad para acceder a los propios sentimientos y emociones y discriminar entre ellos. Permite adquirir un conocimiento de la persona de acuerdo al tipo de interacción y a la capacidad de interaccionar con el resto. Se trata de inteligencia más privada y más difícil de conocer, y por tanto, necesita de las demás para poder ser observada.



08 febrero 2010

Meditación y aprendizaje

05 febrero 2010

El hábito de la lectura, en manos de los padres

Hoy más que nunca, la lectura corre el riesgo de ser vista por los niños como una imposición más de padres y profesores.

El niño puede crecer sin el hábito de dedicar parte de su tiempo a sumergirse en las letras y a enfrentarse con fascinantes aventuras en los mares del sur. Es precisamente en la primera década de la vida cuando las personas pueden adquirir este hábito; en esos diez años se tiene la oportunidad de asimilar para siempre el placer de leer como una necesidad consentida y deseada. Los pedagogos afirman que se aprende a disfrutar de la lectura y, por lo tanto, hay que ser conscientes de que se trata de algo que se puede enseñar. Para ello, es básico el núcleo familiar. Enseñar a leer es la asignatura que los padres deben transmitir a sus hijos, teniendo en cuenta siempre su carácter, motivación, apetencias e intereses. En definitiva, el reto es estimular la curiosidad por los libros.

¿Qué puedo hacer para que mis hijos lean?

No obligar a leer. Como toda actividad, la lectura requiere constancia para convertirse en hábito. Nunca se debe obligar a leer, pero sí se puede (y debe) convertir en un hecho cotidiano. La clave radica en que acabe formando parte del tiempo de ocio, igual que ver la televisión o jugar. En edades muy tempranas serán el padre y la madre los que directamente ejerzan esta función. Con el tiempo, el espacio dedicado a la lectura se irá ampliando, y serán los propios niños quienes decidan cuánto, cuándo y dónde van a leer.

Accesibilidad de los libros. Aunque no se trata de juguetes, los libros deben ser accesibles, tanto los propios como los ajenos. Es necesario quitarles ese estatus de objeto importante que sólo adorna las librerías. Es más, se han de potenciar las bibliotecas propias desde que nacen, porque un libro, después de ser leído, traspasa el umbral de lo meramente material.

Visitar librerías. Las ferias o exposiciones pueden convertirse en un entretenimiento que acerque la literatura a los hijos. La idea de verse rodeado de tantas posibilidades familiariza al niño con este tipo de comercio y le añade atractivo. Además, si se le da una cantidad de dinero con el objeto de elegir el título que le guste, comenzará a desarrollar criterios de compra y aprenderá a distinguir qué obra merece la pena adquirir.

Costumbre diaria. Leer todas las noches un cuento a los más pequeños se convertirá con el tiempo en un hábito de lectura diaria.

Resolver dudas. Se deben buscar juntos en el diccionario los términos que no se entiendan. Con ello se inculca la buena práctica de ampliar vocabulario.

No prohibir libros. Hay que prestar mucha atención en la edad crítica de la adolescencia, porque grandes lectores infantiles se pierden en esa etapa. En ese sentido, la libertad de elección será determinante. Nunca se deben prohibir títulos. En vez de eso, es importante explicar por qué no se va a entender lo que se lee, y cuál es el motivo para que no merezca perder el tiempo. De esta forma, se logrará despertar su espíritu crítico.

Ser socio de una biblioteca. Una costumbre fácil y asequible es acompañar desde muy pequeños a los hijos a las bibliotecas. En nuestro Estado hay 513 bibliotecas públicas, mejor o peor dotadas de bibliografía, pero cuyo acceso es muy sencillo. Posibilitan acceder a los libros sin necesidad de gastar grandes cantidades de dinero. Además, sirven para enseñar cómo escoger los títulos, e introducen a los pequeños lectores en el valor de la responsabilidad, ya que son ellos los que deben devolver el volumen prestado. La biblioteca “José Vasconcelos” ( Sebastián Camacho 59) es una buena opción y cuenta con préstamo a domicilio.

Adaptarse a los gustos. Todo es susceptible de convertirse en la excusa que acerque a la lectura: un tema de actualidad, efemérides de personas o hechos que les llamen la atención o una película que les haya entusiasmado son ocasiones inmejorables para suscitar la pasión por los libros.

Compartir la lectura. Cuando los niños crecen, se les puede ofrecer libros que estén leyendo los padres. Por ejemplo, siempre merece la pena releer a Pío Baroja en y sus aventuras de Zalacain, y después pasar un rato divertido comentando sus peripecias. La lectura será un atractivo tema de conversación entre padres e hijos.

A cada edad, su libro

La oferta de literatura infantil y juvenil es muy variada. Mantenerse al día es difícil y, en ocasiones, son los propios niños los que demandan títulos o colecciones concretas que se ponen de moda.

En los dos primeros años de vida los libros serán un elemento más para descubrir, morder y tocar. Existen en el mercado ejemplares de tela y plástico, sonoros y sensoriales.

Entre los 2 y los 4 años, el libro comienza a ser diferenciado como tal. Triunfan los que enseñan de una manera distinta los elementos que están aprendiendo: la diferencia entre el frío y el calor, arriba y abajo, dentro y fuera... También son recomendables los que explican realidades grandilocuentes como el Sol, la Luna y los planetas.

Desde los 4 a los 7 años, el niño comienza a desarrollar su identidad individual. En esta etapa es fundamental la imaginación, pero con historias narradas dentro de la lógica a la que habrá que sumar un final feliz. Además, comienzan a familiarizarse con los valores.

Entre los 7 y los 9. La edad de los porqués comienza a los siete años y dura, al menos, hasta los nueve. En esa etapa todo es blanco o negro: los buenos son muy buenos, los malos muy malos, y todo desprende grandes dosis de imaginación.

Entre los 9 y los 12 años es el momento de las aventuras, de la ciencia ficción, del amor sin melodrama. Así comienzan a introducirse en las novelas de misterio y aventuras con protagonistas chistosos, populares y valientes con los que se comparten la edad. También es un buen momento de enfrentarse a fantasmas y brujas, ya que es una fórmula para superar miedos. Harry Potter, de la también escritora Joanne K. Rowling. Julio Verne (La vuelta al mundo en 80 días, 20.000 leguas de Viajes Submarino), Tolkien (El Hobbit, El señor de los anillos), Mark Twain (Las aventuras de Tom Sawyer), Quino (Mafalda), Richmall Crompton (Guillermo el Travieso) y L. M. Alcott (Mujercitas) son algunos ejemplos de la vasta literatura escrita para estas edades. Pero sobre todo, es la época de ver los chicos y las chicas sumergidos entre las páginas de Enid Blyton y sus intemporales Los Cinco, Los Siete Secretos o Las mellizas; igual que toda la saga de las Pesadillas de R.L. Stine, El Club del Misterio de Fiona Kelly o Alfred Hitchcock y los Tres investigadores de R. Arthur.

Por último, se llega a la etapa más difícil y determinante: la que abarca hasta la mayoría de edad. Se debe mantener el atractivo por la lectura, potenciar su entrega dependiendo del carácter de cada persona, pero los padres poco podrán hacer a partir de ahora en la elección de los libros. Se abandona la literatura propiamente infantil y pre-juvenil, y se enfrentan a la literatura en todos sus géneros. De todas formas, habrá una inclinación por parte del adolescente y el joven hacia un tipo de historias, y tal vez un desconocimiento de dónde encontrar lo que buscan, por lo que siempre serán bien recibidos los consejos.

Clásicos y autores consagrados

Escritores consagrados han tenido siempre una inclinación por añadir a su obra libros dirigidos a niños y jóvenes. No en vano, obras maestras de la Literatura Universal se corresponden al género infantil y juvenil. Es el ejemplo de La Isla del Tesoro (Stevenson), Tom Sawyer (Mark Twain), La historia interminable (Michael Ende), El Señor de los Anillos (Tolkien), Don Camilo (Guareschi), El Principito (Antoine de Saint-Exupéry), Adiós cordera (Leopoldo Alas Clarín), Las aventuras de Zalacain el Aventurero (Pio Baroja), Corazón (E. de Amicis), La abeja Maya (Bonsels), Peter Pan (Barrie), Emilio y los detectives (Kaestner) o La llamada de la selva (Jack London). Entre todos ellos conforman una sopa de letras de lo más apetecible.

04 febrero 2010

Un mensaje para los papis

Queridos papás:

La capacidad de atención es diferente entre un niño y un adulto saludable. Una peculiaridad del proceso cognoscitivo infantil es la capacidad de atención activa. Esta capacidad permite prestar atención a la información necesaria ignorando las distracciones. La capacidad de atención activa se amplía entre los cuatro y siete años. Es por esto, que si bien la atención puede ser ejercitada y potenciada en todas las edades, ese sería el mejor período para hacerlo.

La única manera de potenciar y ejercitar la atención de una forma entretenida es por medio, de nuestro querido e imprescindible amigo: el juego.

Les envié a sus hijos una liga en internet en donde encontrarán actividades para mejorar su atención. Los niños de ahora son "cibernautas" y es importante utilizar los recursos que nos ofrece la red para "hablar su lenguaje".

Cualquier duda estoy a sus órdenes. La liga es:




Vicios del lenguaje

¡Hola amigos!

Tal vez algunos de ustedes recuerden la frase que se escuchaba en los años 80´s "palabra: tú eres lo más importante" pensando en ella y a raíz del correo que les envié donde nos explicaban lo de "presidenta"un grupo de amigos, queremos compartir cada semana algún artículo que nos ayude a mejorar nuestra comunicación escrita. Te invitamos a que leas, redactes y compartas con nosotros algún tema relacionado.



¿TODOS SEREMOS UNOS VICIOSOS?


Del ruco roto al niño fresa, ¡Qué oso! Los vicios del lenguaje.


Si esa palabra pasó de moda, no te entenderán; si la inventaste, menos. Y si hablas al revés, al revés te verán; si no sabes acentuar, o te sobran o faltan palabras... estás frito, eres un vicioso del lenguaje.


Cuando analizamos la comunicación verbal, conviene adentrarnos no sólo en aquellos aspectos que enriquecen nuestro vocabulario, sino también identificar las equivocaciones que entorpecen o imposibilitan el intercambio de información. Desde esta perspectiva desprendemos lo relativo a los vicios del lenguaje, entendiendo los mismos como los factores que alteran el flujo normal de la experiencia comunicativa verbal.


Esto quiere decir que, aun cuando desde la perspectiva de la comunicación no existen las palabras buenas y malas (la gramática plantea que sí existen), sino que el significado se transforma en positivo o negativo dependiendo de las circunstancias en que se hable, si hay, en cambio, una serie de problemas que afectan definitivamente la comunicación porque van en sentido contrario a la convención, esto es, lo que todos entendemos.


Tales problemas se conocen como vicios del lenguaje y son de tres tipos:


VICIOS DE USO

Se llaman así porque surgen “sobre la marcha”. Es decir, ocurren por el sólo hecho de emplear alguna forma lingüística fuera de la convención en función del tiempo. Son dos: arcaísmos y neologismos.


Arcaísmos: Son todas aquellas palabras que su uso ha sido descontinuado del habla y la escritura cotidianas. Generalmente son sustituidas por nuevas palabras que la gente incorpora en diferentes épocas, aunque también ocurre con frecuencia que desaparezcan cuando los objetos a que hacen referencia dejan de utilizarse.


En función de referencias regionales de una misma lengua, los arcaísmos pueden variar de una nación, región o localidad a otras. Por ejemplo, en México, la forma vosotros es arcaica (vosotros, vuestro, tendréis, decíais, etcétera), mientras que en otras naciones hispanoparlantes no lo es. Otros ejemplos son la preposición cabe (junto a) y palabras como aguamanil (artilugio de limpieza personal hoy inexistente), asaz (bastante), etcétera. Lo más probable es que en este rubro percibas que no tienes ese problema, y es natural, justo porque son arcaísmos.


Neologismos: Regularmente las lenguas evolucionan de acuerdo con los avances literarios, científicos y tecnológicos, de tal suerte que, así como algunas palabras “envejecen”, transformándose o muriendo, otras nuevas surgen para referirse a nuevos objetos o para suplir formas antiguas. Este es un proceso regular en el cual ocurren, sin embargo, alteraciones que deforman la lengua cuando se inventa o construye alguna palabra fuera de lo común y con pocas posibilidades de integrarse adecuadamente al sistema. Ello sucede si la palabra inventada se suma a otras que no van a ser sustituidas; o bien, si el “inventor” acuña construcciones lingüísticas bromistas o exageradamente localistas.


Ejemplos: Eso es enojante o Te lo voy a forguardear.



(continuará)